Actualizado a agosto de 2026
Durante años, la carrera investigadora se ha explicado como si existieran dos caminos: continuar en la academia o “salir” de ella.
Ese esquema cada vez describe peor la realidad.
La propia Unión Europea ha adoptado un marco para las carreras investigadoras que reconoce expresamente la movilidad entre sectores y la necesidad de desarrollar talento investigador, innovador y emprendedor. La valorización del conocimiento, las competencias empresariales y la cooperación entre academia e industria forman parte de esa visión de carrera investigadora. (EUR-Lex)
Y los datos ayudan a entender por qué. Según Education at a Glance 2025, la tasa de empleo de las personas de 25 a 64 años con doctorado o titulación equivalente alcanza de media el 93 % en los países de la OCDE y países asociados. Al mismo tiempo, el peso de la empresa como lugar de trabajo para investigadores ha aumentado: en el conjunto de la OCDE, la proporción de investigadores que trabajan en el sector empresarial pasó del 60 % al 66 % entre 2000 y 2021. (OECD)
La empresa innovadora, la start-up tecnológica y la spin-off científica son espacios legítimos donde investigar, desarrollar tecnología y construir una carrera profesional.
Y tampoco es necesario ser fundador para formar parte de ese ecosistema.
Una start-up científica no es simplemente “una empresa pequeña”
Para un investigador resulta especialmente útil distinguir una empresa cuya ventaja competitiva procede directamente del conocimiento científico o tecnológico.
El CDTI define precisamente las empresas de base tecnológica como compañías cuya actividad se centra en explotar productos o servicios que requieren tecnologías o conocimientos desarrollados a partir de la investigación y cuya estrategia se basa en un dominio intensivo del conocimiento científico y técnico. (CDTI)
Aquí encontramos muchas de las denominadas deep-tech: biotecnología, nuevos materiales, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas, semiconductores, tecnologías médicas, energía, robótica, espacio, tecnologías climáticas o tecnologías avanzadas de fabricación, entre otros ámbitos que la propia estrategia europea considera estratégicos. (Research and innovation)
Son empresas en las que los perfiles investigadores no constituyen un añadido periférico. Con frecuencia, son precisamente el conocimiento y las capacidades científicas del equipo lo que crea la ventaja competitiva de la empresa.
Por eso una start-up puede representar, según el momento profesional, una vía para incorporarse como científico de I+D, liderar el desarrollo tecnológico, trabajar en producto o regulación, gestionar proyectos de innovación o llegar a posiciones como Chief Scientific Officer (CSO) o Chief Technology Officer (CTO).
En Empleables puedes ampliar esta primera aproximación en Crear una start-up: panorama general para investigadores.
El primer error: pensar que todas las start-ups siguen la misma ruta de financiación
En el mundo del emprendimiento se habla continuamente de pre-seed, seed, Serie A, Serie B o growth.
Son referencias útiles, sobre todo para entender rondas de inversión privada. Pero para una start-up científica pueden resultar insuficientes.
Una empresa de software puede validar rápidamente un producto. Una empresa biotecnológica, de nuevos materiales o de dispositivos médicos puede necesitar años de ensayos, propiedad intelectual, validación, certificación, infraestructura y desarrollo tecnológico antes de generar ingresos significativos.
Por eso, para un proyecto nacido de la investigación, resulta más útil hacerse cuatro preguntas:
¿Qué madurez tiene la tecnología? ¿Qué riesgo queda por resolver? ¿Existe ya una empresa? ¿Qué hito debe financiarse a continuación?
La propia financiación europea utiliza esta lógica. El EIC, por ejemplo, diferencia instrumentos orientados a madurar resultados científicos, validar tecnologías en niveles TRL intermedios, desarrollar innovaciones en TRL 6–8 y, finalmente, financiar el escalado de empresas tecnológicas.
Dicho de otro modo: no deberíamos preguntar primero “¿estoy en seed o Serie A?”, sino “¿qué incertidumbre tengo que eliminar para que el proyecto avance?”
Y ahí encontramos una diferencia fundamental entre financiación científica y financiación empresarial.
1. Tengo un resultado científico: todavía no necesito una ronda de inversión
Imaginemos que un grupo de investigación obtiene un resultado prometedor: un biomarcador, un algoritmo, un catalizador, un nuevo material, una tecnología de sensores o un procedimiento industrial.
En ese momento quizá todavía no exista una empresa.
Antes de constituirla pueden ser necesarias actividades como validar el resultado, estudiar aplicaciones, proteger la propiedad intelectual, comprobar quién sería el usuario o cliente, analizar tecnologías competidoras y determinar si existe una oportunidad suficientemente grande como para justificar el siguiente paso.
Para determinados investigadores financiados por el ERC existe, por ejemplo, ERC Proof of Concept. En 2026 ofrece una cantidad fija de 150.000 euros durante 18 meses para explorar el potencial de innovación de resultados originados en proyectos ERC. Es importante precisar que no es una ayuda general para cualquier investigador: está restringida a investigadores principales de determinadas ayudas ERC y el proyecto debe derivarse de la investigación financiada previamente por el ERC.
Un escalón posterior puede ser EIC Transition, diseñado para madurar y validar tecnologías y avanzar simultáneamente en la preparación empresarial y de mercado. En 2026 ofrece subvenciones de hasta 2,5 millones de euros, partiendo habitualmente de TRL 3 completado o TRL 4 y buscando aproximarse a TRL 5–6. Pueden participar, dependiendo de la modalidad, universidades, organismos de investigación, start-ups, spin-offs y pymes. Pero tampoco es una convocatoria abierta a cualquier investigación: debe partir de resultados obtenidos en determinadas familias de proyectos europeos elegibles.
Este es un punto muy relevante para la empleabilidad.
En esta fase se necesitan personas capaces de entender profundamente la ciencia y, al mismo tiempo, empezar a traducirla hacia una aplicación.
Un postdoc, un investigador senior o el propio inventor puede comenzar aquí su transición hacia transferencia tecnológica, desarrollo de producto, propiedad intelectual, estrategia regulatoria o creación de una spin-off.
2. He demostrado que existe una oportunidad: ahora necesito construir una empresa
Cuando la tecnología empieza a salir del laboratorio cambia la pregunta.
Ya no basta con demostrar que algo funciona científicamente.
Hay que construir una organización capaz de convertir ese conocimiento en un producto o servicio.
Y España dispone de un instrumento especialmente interesante para el emprendimiento científico: NEOTEC, gestionado por el CDTI.
El objetivo de NEOTEC 2026 es precisamente apoyar la creación de empresas de base tecnológica y acelerar la transferencia de conocimiento procedente de organismos públicos de investigación y universidades. La convocatoria se dirige a pequeñas empresas innovadoras de hasta tres años de antigüedad y exige que la tecnología constituya un factor competitivo fundamental de la empresa.
La convocatoria 2026 permite entender además hasta qué punto el talento investigador forma parte de la política de innovación empresarial española: la ayuda general puede alcanzar el 70 % del presupuesto elegible, con un máximo de 250.000 euros, mientras que los proyectos que incorporen laboralmente al menos a una persona con doctorado puede alcanzar el 85 % y un máximo de 325.000 euros. El propio CDTI explica que este incentivo pretende reforzar la capacidad de generación y absorción de conocimiento de las empresas.
Ese detalle es mucho más que una cifra.
Una política pública destinada a crear empresas tecnológicas aumenta expresamente la intensidad de la ayuda cuando la empresa contrata a un doctor.
Es una señal bastante clara del valor que puede tener un perfil investigador fuera de la universidad.
3. Subvención, préstamo o inversión: no son lo mismo
Una de las competencias que debe adquirir un científico que se aproxima al emprendimiento es comprender que “conseguir financiación” puede significar cosas muy distintas.
Una subvención puede financiar actividades determinadas sin que los fundadores cedan participaciones de la empresa. Un préstamo genera una obligación de devolución. Una inversión de business angels o fondos de Venture Capital aporta capital a cambio de participación en la empresa. Y determinados instrumentos europeos pueden combinar subvención e inversión.
Para una start-up española, ENISA ocupa un espacio especialmente interesante entre la financiación pública y la financiación empresarial. Actualmente ofrece préstamos participativos para start-ups y pymes por importes de 25.000 a 1,5 millones de euros, sin exigir garantías personales; con carácter general, contempla hasta siete años de amortización y hasta dos años de carencia de principal. ENISA no entra en el capital, por lo que este instrumento no produce la misma dilución que una ronda de inversión.
Eso no convierte automáticamente a ENISA en “mejor” que el Venture Capital. Son instrumentos diferentes.
Una start-up puede necesitar una subvención para reducir riesgo tecnológico, un préstamo participativo para reforzar su financiación y capital privado para acelerar contratación, comercialización o internacionalización.
La cuestión correcta vuelve a ser: ¿qué queremos conseguir con ese dinero y cuál es el instrumento más adecuado para ese hito?
Puedes profundizar en esta lógica en la guía de Empleables De la investigación al mercado: ¿qué financiación encaja con cada proyecto de I+D+i?.
4. La empresa existe y necesita desarrollar I+D: aquí cambia de nuevo el mapa
Una vez constituida la compañía, las posibilidades de financiación pública no desaparecen.
De hecho, empiezan a abrirse instrumentos específicamente empresariales de I+D.
Los Proyectos de I+D del CDTI están abiertos todo el año y financian proyectos empresariales de investigación industrial y desarrollo experimental destinados a crear o mejorar significativamente productos, procesos o servicios. Actualmente pueden cubrir hasta el 85 % del presupuesto aprobado, mediante ayuda parcialmente reembolsable; el presupuesto mínimo elegible es de 175.000 euros.
Esto resulta particularmente relevante para investigadores que se incorporan a una start-up.
Una empresa tecnológica no deja necesariamente de investigar cuando se constituye. Puede mantener durante años programas de I+D, colaboraciones con universidades, ensayos experimentales y proyectos tecnológicos financiados competitivamente.
En ese contexto aparecen puestos para científicos, ingenieros de I+D, especialistas de datos, responsables de validación, personal regulatorio, gestores de proyectos y perfiles capaces de coordinar consorcios o preparar propuestas competitivas.
Y aquí muchos investigadores disponen ya de una competencia transferible que a menudo no identifican como tal: saben construir proyectos.
Quien ha preparado una propuesta científica sabe formular objetivos, justificar una necesidad, establecer una metodología, dividir actividades en paquetes de trabajo, planificar hitos, estimar riesgos, preparar presupuestos, coordinar socios y explicar impacto.
En una empresa innovadora, esa capacidad tiene valor.
5. Internacionalizar la I+D antes incluso de internacionalizar las ventas
Otra vía especialmente interesante para start-ups y pymes tecnológicas es Eurostars, integrado en la European Partnership on Innovative SMEs y cofinanciado por Horizon Europe.
Eurostars financia proyectos internacionales de I+D liderados por pymes innovadoras. El consorcio debe incorporar organizaciones independientes de distintos países y puede incluir, además de empresas, universidades y organismos de investigación. En España, el CDTI es responsable de su gestión y de la financiación de las empresas españolas participantes en proyectos aprobados.
Para un investigador esto tiene una lectura profesional interesante. Las redes internacionales construidas durante un doctorado o un postdoc pueden dejar de ser únicamente redes académicas y convertirse en alianzas para desarrollar tecnología, construir consorcios empresariales o acceder a nuevos mercados.
La movilidad científica, las colaboraciones internacionales y la experiencia en proyectos europeos no pierden su valor cuando alguien se incorpora a la industria. Pueden adquirir otro valor.
6. Cuando la tecnología está más madura: el salto al EIC Accelerator
Para empresas con innovaciones de alto riesgo y elevado potencial de crecimiento, uno de los instrumentos europeos de referencia es el EIC Accelerator.
En 2026 está dirigido fundamentalmente a start-ups y pymes que desarrollan innovaciones capaces de crear o transformar mercados y se sitúan aproximadamente en TRL 6–8. Puede proporcionar una subvención inferior a 2,5 millones de euros y una componente de inversión de hasta 10 millones de euros, además de modalidades de financiación combinada.
Aquí se ve muy bien la diferencia entre una start-up digital convencional y otro tipo de empresas científicas. Una compañía deep-tech puede haber necesitado años de investigación antes de llegar al punto en que el EIC Accelerator resulte adecuado.
Por eso la trayectoria profesional de un investigador dentro de estas compañías también puede ser larga: desde las primeras pruebas de concepto hasta la validación, industrialización, entrada en mercado y escalado internacional.
En estas fases el perfil científico empieza además a interactuar con áreas que quizá estaban muy alejadas de su vida académica: estrategia de producto, clientes, fabricación, regulación, propiedad intelectual, inversión, contratación o desarrollo de negocio.
Esto NO significa dejar de ser científico. Significa añadir capas profesionales a esa identidad científica.
7. ¿Y si la empresa realmente consigue escalar?
Europa reconoce que uno de sus problemas no es únicamente generar ciencia y start-ups, sino conseguir que las empresas tecnológicas que nacen aquí puedan crecer sin trasladarse a otros ecosistemas para encontrar capital.
La Estrategia Europea de Start-ups y Scale-ups, adoptada en 2025, contiene 26 acciones agrupadas alrededor de regulación, financiación, acceso al mercado, talento e infraestructuras. El objetivo declarado es acompañar a las empresas desde su creación hasta su crecimiento y madurez. (Research and innovation)
En ese extremo del recorrido aparece EIC STEP Scale Up, que en 2026 realiza inversiones de capital de entre 10 y 30 millones de euros en empresas tecnológicas estratégicas, buscando movilizar rondas privadas mucho mayores. Se orienta, entre otros ámbitos, a tecnologías digitales y deep-tech, tecnologías limpias y biotecnología.
La Comisión está impulsando asimismo el Scaleup Europe Fund, anunciado como una iniciativa de aproximadamente 5.000 millones de euros para reforzar la financiación de grandes scale-ups tecnológicas europeas.
¿Qué significa esto para la empleabilidad investigadora?
Que una compañía nacida alrededor de cuatro investigadores y una patente puede acabar necesitando decenas o cientos de profesionales en investigación, ingeniería, datos, producto, fabricación, calidad, regulación, propiedad intelectual y gestión de innovación.
Una start-up no es necesariamente un lugar en el que trabajar durante seis meses antes de que “ocurra algo”. Puede convertirse en una organización de I+D de gran tamaño.
Hay financiación para las empresas, pero también financiación para contratar investigadores
Este es probablemente uno de los aspectos más importantes para la comunidad de Empleables. No todos los instrumentos públicos financian únicamente tecnología o equipamiento. Algunos están expresamente diseñados para llevar investigadores a las empresas.
Por ejemplo, en España, las ayudas Torres Quevedo de la Agencia Estatal de Investigación tienen una duración de tres años y están destinadas a favorecer la contratación de personas con doctorado por empresas y otras entidades para desarrollar proyectos de investigación industrial, desarrollo experimental y actividades de I+D.
Los Doctorados Industriales de la AEI actúan todavía antes: cofinancian durante cuatro años la formación doctoral vinculada a un proyecto de investigación industrial o desarrollo experimental desarrollado en una empresa u otra entidad.
A escala europea existe una lógica similar. Las MSCA Industrial Doctorates, dentro de Doctoral Networks, forman doctorandos bajo supervisión conjunta académica y no académica; en esta modalidad, el investigador debe pasar al menos el 50 % de su periodo financiado en el sector no académico.
NEOTEC, Torres Quevedo, Doctorados Industriales y las MSCA Industrial Doctorates son instrumentos diferentes, pero conjuntamente permiten extraer una conclusión: las políticas españolas y europeas de innovación consideran la incorporación de talento investigador a la empresa como una pieza de la transferencia de conocimiento.
En Empleables puedes consultar más información sobre Doctorados Industriales y Torres Quevedo 2026.
La Ley de Startups española también importa para quien trabaja en una empresa emergente
Existe otra capa que suele quedar fuera de los esquemas de financiación: el entorno jurídico y fiscal.
ENISA gestiona en España la certificación de empresa emergente prevista en la Ley 28/2022. Entre otros requisitos, la empresa debe desarrollar un proyecto innovador y escalable, tener sede o establecimiento permanente en España, cumplir límites de antigüedad y facturación y reunir otras condiciones establecidas por la norma.
La certificación permite acceder, si se cumplen los requisitos aplicables, a medidas como un tipo reducido del 15 % en el Impuesto sobre Sociedades durante el primer periodo con base imponible positiva y los tres siguientes mientras se mantenga la condición de empresa emergente. La Ley también establece un régimen específico para determinadas retribuciones mediante acciones o participaciones de estas empresas, con una exención que puede llegar a 50.000 euros anuales bajo las condiciones previstas legalmente.
Esto último también afecta a cómo un investigador debería evaluar una oferta de trabajo en una start-up. El salario es importante, pero puede no ser toda la retribución.
Si una oferta incluye participaciones u opciones sobre acciones conviene entender qué porcentaje representan, cuál es el calendario de consolidación o vesting, qué ocurre si se abandona la compañía, qué dilución podría producirse en rondas posteriores y, sobre todo, recordar que una participación en una start-up no equivale a dinero disponible. Puede adquirir mucho valor. O puede no adquirir ninguno.
¿Dónde encaja un investigador predoctoral?
El doctorado ya puede ser una puerta de entrada a la industria. Los Doctorados Industriales nacionales y europeos permiten desarrollar una tesis vinculada directamente a problemas empresariales. Pero incluso fuera de esos programas, un doctorando puede participar en proyectos de transferencia, colaborar con empresas, trabajar sobre resultados protegibles o empezar a comprender cómo su campo científico genera aplicaciones.
El objetivo no tiene por qué ser “fundar una empresa a los 25 años”. Puede ser algo mucho más sencillo y útil: aprender a identificar quién necesita el conocimiento que estás generando.
Esa pregunta cambia la manera de mirar la propia investigación.
¿Y un postdoc?
Probablemente sea uno de los perfiles que mejor puede encajar en una start-up científica en etapas tempranas.
Un postdoc suele haber desarrollado autonomía experimental, capacidad para resolver problemas, especialización técnica, experiencia internacional, análisis crítico y habilidad para aprender rápidamente áreas nuevas. Además, es más que probable que un postdoc haya adquirido una habilidad muy demandada en el mundo de la I+D+i: resiliencia.
En una start-up esas competencias pueden utilizarse para validar una plataforma tecnológica, desarrollar un producto, diseñar ensayos, trabajar con datos, crear propiedad intelectual, participar en regulación o coordinar proyectos de I+D, mitigar riesgos, y no caer a la primera que el viento sople en contra.
Además, existe una diferencia importante respecto a muchas estructuras académicas. En una compañía pequeña es posible que una persona que llega como científica de I+D empiece relativamente pronto a participar en decisiones sobre tecnología, producto, contratación o estrategia.
Eso exige aprendizaje empresarial, pero también puede ampliar notablemente el perfil profesional.
¿Y un investigador senior o un PI?
Para un investigador consolidado las opciones son también amplias.
Puede ser fundador científico de una spin-off sin convertirse necesariamente en CEO. Puede actuar como CSO, asesor científico, responsable de I+D, director tecnológico, miembro de un comité científico o socio en proyectos de transferencia.
También puede aportar algo difícil de adquirir rápidamente: años de conocimiento acumulado sobre un problema, capacidad para evaluar tecnologías y una red internacional de especialistas, centros y colaboradores.
En determinadas compañías, esa combinación puede ser tan importante como el capital.
No necesitas convertirte en emprendedor para aprovechar el ecosistema emprendedor
Este matiz merece insistencia. Cuando se habla de start-ups científicas solemos imaginar al investigador que patenta un descubrimiento, abandona la universidad, levanta capital y aparece convertido en CEO. Es una posibilidad.
Una start-up necesita muchos más profesionales que fundadores. Necesita científicos, ingenieros, especialistas de datos, responsables de proyectos de I+D, expertos regulatorios, perfiles de transferencia, especialistas de propiedad intelectual, responsables de producto, personas capaces de preparar propuestas europeas, etc.
Y, a medida que crece, necesita responsables de equipos, directores científicos y gestores de innovación.
Por eso “emprendimiento científico” y “empleabilidad científica” están mucho más relacionados de lo que parece.
Las competencias del investigador sí son transferibles, pero hay que traducirlas
Decir en una entrevista que “has investigado durante cinco años” proporciona poca información a quien no conoce la carrera académica. Conviene explicar qué significa realmente.
Diseñar experimentos significa saber reducir incertidumbre mediante evidencia.
Trabajar durante años sobre un problema difícil significa saber gestionar proyectos con alto riesgo técnico.
Preparar propuestas competitivas significa saber estructurar objetivos, recursos, hitos, riesgos e impacto.
Coordinar estudiantes y colaboradores significa haber desarrollado gestión de equipos.
Publicar y defender resultados significa poder analizar información compleja y comunicarla.
Trabajar con colaboradores internacionales significa saber desenvolverse en equipos distribuidos y multiculturales.
Y detectar por qué un experimento ha fallado es muy parecido a una de las actividades esenciales de cualquier start-up tecnológica: descubrir rápidamente qué hipótesis no funciona antes de gastar más recursos en ella.
La clave no es abandonar las competencias académicas. Es aprender a expresarlas en términos de valor para una organización.
Pero trabajar en una start-up no es automáticamente mejor que trabajar en la academia
Presentar el emprendimiento como una solución mágica a la precariedad académica sería un error. Las start-ups tienen riesgo.
Pueden quedarse sin financiación. El producto puede no funcionar como se esperaba. Una ronda puede retrasarse. La regulación puede bloquear el acceso al mercado. Puede producirse una adquisición o un cambio completo de estrategia. Los puestos evolucionan rápidamente y la seguridad laboral varía enormemente entre compañías.
Precisamente por eso un investigador debería evaluar una start-up con el mismo pensamiento crítico que aplicaría a un proyecto científico.
Antes de incorporarte, merece la pena investigar al menos estas cuestiones:
- ¿Cuánto tiempo puede operar la compañía con la financiación actual y qué hito necesita alcanzar antes de la siguiente ronda o ayuda?
- ¿Qué problema resuelve realmente la empresa y quién está dispuesto a pagar por solucionarlo?
- ¿Qué evidencia existe de que la tecnología funciona y cuál es el siguiente riesgo técnico que debe superarse?
- ¿Quién posee la propiedad intelectual y, si procede de una universidad u organismo público, está correctamente licenciada a la empresa?
- ¿Tu puesto está ligado a una función estructural o exclusivamente a un proyecto concreto financiado?
- ¿Qué salario, participación, opciones, responsabilidades y posibilidades de crecimiento ofrece realmente la compañía?
- ¿Qué aprenderás allí que aumentará tu valor profesional aunque la empresa no alcance todos sus objetivos?
Esa última pregunta es particularmente útil. Porque una carrera no debería evaluarse únicamente por el éxito o fracaso de una empresa. También por las capacidades que acumulas durante ella.
La financiación de una start-up también puede leerse como un mapa de empleo
Cuando una empresa consigue 250.000 euros para validar una tecnología necesita personas capaces de hacer esa validación.
Cuando consigue financiación para un proyecto de I+D necesita científicos e ingenieros que lo desarrollen.
Cuando comienza a internacionalizarse necesita personas capaces de trabajar con consorcios, socios y mercados internacionales.
Cuando entra en industrialización necesita especialistas en procesos, calidad y regulación.
Cuando escala necesita líderes de equipos científicos, responsables tecnológicos y directores de I+D.
Por eso, cuando un investigador lee que una empresa científica ha conseguido financiación, una buena pregunta no es únicamente: “¿Cuánto dinero ha levantado?”
También debería preguntarse:
“¿Qué tiene que construir ahora con ese dinero y qué perfiles necesitará para hacerlo?”
Ahí puede esconderse la oportunidad profesional.
Europa está intentando que ciencia, empresa y carrera investigadora formen parte del mismo ecosistema
La política europea se está moviendo precisamente en esa dirección.
La estrategia de start-ups y scale-ups de la UE pone simultáneamente el foco en financiación, talento, infraestructuras y llegada al mercado. El marco europeo de carreras investigadoras insiste en la movilidad intersectorial, la valorización del conocimiento y las competencias emprendedoras. Y programas como ERC Proof of Concept, EIC Transition, EIC Accelerator, MSCA Industrial Doctorates o STEP cubren diferentes momentos del recorrido que va desde un resultado científico hasta una compañía tecnológica capaz de escalar.
España dispone, además, de una combinación especialmente relevante para investigadores: NEOTEC para creación de empresas tecnológicas, proyectos de I+D del CDTI, Eurostars para cooperación internacional, financiación participativa de ENISA, Doctorados Industriales y Torres Quevedo para incorporar talento científico y un régimen específico para empresas emergentes.
No todos los proyectos podrán utilizar todos estos instrumentos y las condiciones cambian entre convocatorias. Pero el ecosistema existe.
Emprender no es abandonar la investigación. Y trabajar en una start-up tampoco.
Quizá este sea el mensaje principal. Crear una empresa a partir de un resultado científico es una forma de transferencia. Incorporarse como investigador a una empresa tecnológica también lo es.
Hacer un doctorado industrial es hacer investigación. Dirigir el departamento de I+D de una Pyme sigue siendo desarrollar una carrera científica.
Convertir un descubrimiento en un producto que llega a pacientes, industrias, administraciones o ciudadanos no reduce el valor de la investigación. Añade otra dimensión a su impacto.
La carrera investigadora del futuro probablemente será menos lineal: academia, empresa, emprendimiento, administración, transferencia y regreso a la investigación pueden formar parte de una misma trayectoria profesional.
La cuestión, por tanto, no debería ser únicamente:
“¿Quiero seguir en academia o marcharme?”
Puede ser mucho más interesante formularla así:
“¿Dónde puede generar más valor mi conocimiento y en qué entorno quiero desarrollar la siguiente etapa de mi carrera?”
Para seguir explorando estas posibilidades, en Empleables puedes consultar La empleabilidad de los investigadores, nuestra guía sobre financiación desde la investigación hasta el mercado y los recursos de Doctorados Industriales y Torres Quevedo 2026.
Nota: las cuantías y condiciones mencionadas corresponden a la información oficial disponible en agosto de 2026. Las convocatorias, requisitos, intensidades de ayuda y plazos pueden modificarse, por lo que antes de preparar una solicitud conviene comprobar siempre las bases y páginas oficiales vigentes de cada programa.
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