Tres cifras que ayudan a entender el crecimiento del empleo científico
En 2024, los profesionales de ciencias e ingeniería representaron el 3,7 % del empleo total en los países de la OCDE, frente al 3,2 % registrado en 2017. Esto supone un aumento de medio punto porcentual y un crecimiento relativo aproximado del 15,6 % en siete años.
El crecimiento de los profesionales de las tecnologías de la información y la comunicación ha sido todavía más intenso. Su peso pasó del 2 % al 3,1 % del empleo entre 2017 y 2024, lo que equivale a un incremento relativo del 55 %.
En conjunto, los profesionales de ciencias e ingeniería y los especialistas en tecnologías de la información representan alrededor del 7 % del empleo total en las economías de la OCDE y la Unión Europea (Organisation for Economic Co-operation and Development [OECD], 2026). (OECD)
Sin embargo, estas cifras no son sólo personal que trabaja directamente en investigación y desarrollo. La OCDE estima que el personal dedicado a I+D alcanzó en 2024 casi el 1,6 % del empleo total, medido en equivalentes a jornada completa. Dentro de este grupo se incluyen investigadores, técnicos y personal de apoyo a la investigación.
La proporción correspondiente específicamente a investigadores pasó del 0,8 % al 1,1 % del empleo entre 2015 y 2024. Esto representa un crecimiento relativo aproximado del 37,5 % en menos de una década. Además, los investigadores constituyen, de media, el 68 % de todo el personal de I+D en la OCDE y la Unión Europea (OECD, 2026).
¿Por qué son una buena noticia estos datos?
La primera razón es evidente: cada vez hay más personas trabajando en ocupaciones relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería, la digitalización y la innovación.
Una fuerza laboral científica más amplia permite que las economías dispongan de mayor capacidad para:
- generar nuevo conocimiento;
- desarrollar productos, procesos y servicios;
- incorporar tecnologías en empresas y administraciones;
- transformar resultados científicos en innovaciones;
- crear empresas de base tecnológica;
- responder a retos sanitarios, ambientales, industriales y sociales.
La propia OCDE señala que, aunque no todos los profesionales STEM realizan investigación de forma directa, estos perfiles contribuyen a desarrollar, adoptar, aplicar y difundir conocimiento e innovación. Por tanto, el impacto de la formación científica se extiende mucho más allá de los laboratorios y de los departamentos universitarios.
La segunda razón es estratégica. Cuando el personal científico y tecnológico se convierte en un recurso esencial para la competitividad, los países, universidades, centros tecnológicos y empresas tienen mayores incentivos para atraerlo, desarrollarlo y retenerlo.
Esto aumenta la importancia económica y política del talento científico. También obliga a prestar más atención a cuestiones como la remuneración, la estabilidad, la movilidad, las oportunidades de desarrollo profesional y las condiciones de trabajo.
Investigar, desarrollar e innovar, no es sólo el mundo académico de las universidades
Uno de los aspectos más interesantes del informe es la distinción entre dos formas de observar la fuerza laboral científica.
Por una parte, ReICO estudia a los profesionales STEM de acuerdo con su ocupación: científicos, ingenieros, especialistas en tecnologías de la información y otros perfiles técnicos.
Por otra, analiza al personal de I+D según la función que desempeña: investigadores, técnicos y personal de apoyo que participa directamente en actividades de investigación y desarrollo.
Ambos grupos se solapan, pero no son equivalentes. Muchos profesionales STEM trabajan fuera de departamentos formales de I+D y, al mismo tiempo, numerosas personas que participan en proyectos de I+D desempeñan funciones de gestión, diseño, ingeniería, soporte técnico o administración especializada.
Esta diferencia tiene una consecuencia importante para la orientación profesional: la empleabilidad de un investigador no debe medirse únicamente por sus posibilidades de conseguir una plaza académica.
Las competencias adquiridas durante un doctorado o una trayectoria investigadora pueden utilizarse en actividades como:
- investigación empresarial;
- ingeniería y desarrollo de productos;
- ciencia y análisis de datos;
- gestión de proyectos de I+D+i;
- transferencia de conocimiento;
- propiedad intelectual;
- consultoría científica y tecnológica;
- evaluación de políticas públicas;
- comunicación científica;
- emprendimiento y creación de empresas;
- vigilancia tecnológica;
- regulación y asuntos científicos;
- gestión de ensayos, prototipos o procesos de validación.
Los indicadores de ReICO muestran que las competencias de investigación e innovación se utilizan en ocupaciones analíticas, técnicas, directivas y otras funciones intensivas en conocimiento. La OCDE también destaca el papel central de las empresas en la contratación de personas con cualificaciones avanzadas y en la aplicación económica de sus capacidades (OECD, s. f.). (OECD)
Salir de la universidad, por tanto, no representa necesariamente abandonar la investigación. En muchos casos significa trasladar el conocimiento a otro entorno: una empresa, un centro tecnológico, una organización sanitaria, una consultora, una administración pública o una start-up, entre otros.
¿Qué pistas ofrece el informe para cada etapa de la carrera investigadora?
Etapa predoctoral: construir un perfil que funcione dentro y fuera de la academia
Para una persona que está comenzando el doctorado, estos datos indican que la formación investigadora puede tener utilidad en un mercado laboral más amplio que el estrictamente universitario.
Durante esta etapa conviene adquirir experiencia científica, pero también desarrollar competencias transferibles:
- análisis de datos;
- programación y herramientas digitales;
- gestión de proyectos;
- comunicación de resultados;
- colaboración interdisciplinar;
- protección y explotación del conocimiento;
- comprensión de las necesidades de empresas y usuarios.
El fuerte crecimiento de las ocupaciones vinculadas a las tecnologías de la información sugiere, además, que la combinación de conocimientos científicos y capacidades digitales puede mejorar considerablemente la versatilidad profesional.
Los doctorados industriales son un ejemplo de cómo integrar desde el inicio la investigación académica con problemas, tecnologías y necesidades empresariales.
Etapa postdoctoral: diversificar sin interpretar el cambio de sector como un fracaso
La etapa postdoctoral suele coincidir con una de las decisiones más difíciles de la trayectoria científica: continuar compitiendo por una posición académica, es una opción, pero desplazarse a otro país, incorporarse a un centro tecnológico o comenzar una carrera en la empresa ¡No son síntoma de fracaso sino todo lo contrario!
Los datos de la OCDE respaldan una interpretación abierta de esta transición. El mercado laboral no demanda únicamente publicaciones o especialistas capaces de realizar experimentos. Necesita personas que puedan formular preguntas complejas, diseñar metodologías, analizar evidencias, dirigir proyectos y tomar decisiones en contextos de incertidumbre y elevada presión, con orientación a resultados.
Para un investigador postdoctoral, las oportunidades pueden encontrarse en:
- departamentos empresariales de I+D;
- biotecnología, salud, energía y medioambiente;
- inteligencia artificial y ciencia de datos;
- industria farmacéutica;
- materiales avanzados;
- centros tecnológicos;
- consultoría;
- transferencia y valorización;
- gestión de programas científicos;
- emprendimiento tecnológico.
La decisión no tiene que plantearse como una elección irreversible entre “ser investigador” o “dejar la ciencia”. Las fronteras entre academia, industria, administración y emprendimiento son cada vez más permeables.
En Empleables puede ampliarse esta perspectiva en el análisis sobre la empleabilidad de los investigadores y en la guía sobre salidas profesionales en I+D+i.
Etapas intermedia y senior: más oportunidades de liderazgo y transferencia
Para investigadores con experiencia, el crecimiento del ecosistema de I+D puede traducirse en oportunidades que van más allá de dirigir un grupo académico.
La definición empleada por la OCDE incluye entre los investigadores de I+D a profesionales, directivos e ingenieros que diseñan y supervisan actividades y proyectos de investigación en distintos sectores. Esto reconoce que la investigación también necesita liderazgo científico, coordinación, estrategia y gestión.
En estas etapas pueden resultar especialmente relevantes los puestos relacionados con:
- dirección científica;
- coordinación de consorcios;
- gestión de carteras de innovación;
- evaluación de tecnologías;
- colaboración público-privada;
- transferencia y licencias;
- inversión en empresas científicas;
- asesoramiento regulatorio;
- políticas de ciencia e innovación;
- creación y dirección de empresas de base tecnológica.
La experiencia investigadora acumulada puede convertirse así en un activo para organizaciones que necesitan evaluar riesgos tecnológicos, identificar oportunidades, gestionar equipos especializados o convertir resultados científicos en soluciones.
El país y el ecosistema importan
El crecimiento no se distribuye de forma homogénea.
La proporción conjunta de profesionales de ciencias, ingeniería y tecnologías de la información supera el 10 % del empleo en Finlandia, Luxemburgo, Países Bajos y Suecia. En cambio, se sitúa por debajo del 3 % en Colombia, México y Turquía, y por debajo del 2 % en Argentina, India, Indonesia y Perú.
También existen diferencias en la intensidad del empleo directamente dedicado a I+D. Solo Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia y Corea superan el 2 % del empleo total en personal de I+D, según los últimos datos disponibles (OECD, 2026).
Estas diferencias ofrecen varias pistas para la planificación profesional.
La primera es que las oportunidades no dependen únicamente de la titulación o del área científica. También dependen de la estructura económica, la inversión en I+D y la capacidad de cada país para absorber perfiles avanzados.
La segunda es que la movilidad internacional puede seguir siendo una herramienta importante para acceder a ecosistemas con mayor concentración de empresas innovadoras, universidades, infraestructuras científicas y centros tecnológicos.
La tercera es que los países con menor presencia relativa de profesionales científicos tienen un reto importante, pero también un potencial de crecimiento. La internacionalización, el trabajo en redes, los proyectos colaborativos y las oportunidades remotas pueden ayudar a los investigadores a conectarse con ecosistemas más amplios sin que toda la carrera dependa de un único mercado nacional.
¿Está mejorando la estabilidad laboral de los investigadores?
El comunicado de la OCDE confirma que está aumentando el número de profesionales científicos y el personal de I+D. Sin embargo, esto no necesariamente demuestra que los contratos permanentes estén creciendo o que la temporalidad investigadora se haya reducido.
Por tanto, es posible que aún quede una camino que hacer para que la carrera investigadora sea más estable en todos los países y sectores.
Lo que sí puede sostenerse es que la expansión de la fuerza laboral científica amplía potencialmente el número de empleadores y de trayectorias profesionales. Una persona investigadora que pueda trabajar no sólo en universidades, sino también en empresas, centros tecnológicos, administraciones o consultoras depende menos de una única vía de estabilización.
Esta diversificación puede aumentar las posibilidades de encontrar continuidad laboral, especialmente cuando el perfil combina especialización científica con competencias digitales, empresariales, regulatorias o de gestión.
La calidad de vida entra en la evaluación de las carreras científicas
La actualización de ReICO de 2026 amplía la cobertura de los indicadores sobre condiciones laborales de las personas más cualificadas e incorpora nuevas medidas relacionadas con su calidad de vida. La calidad de una carrera científica comienza a evaluarse de una manera más completa.
La OCDE considera que el atractivo de los empleos de investigación e innovación depende de factores como:
- salario y beneficios;
- seguridad laboral;
- flexibilidad;
- autonomía;
- oportunidades de desarrollo;
- posibilidad de contribuir a objetivos científicos, empresariales o sociales.
ReICO también incorpora dimensiones como la satisfacción con la situación económica, la disponibilidad de tiempo libre, la felicidad y el sentimiento de inclusión social. La propia OCDE reconoce que los datos internacionales sobre estas cuestiones todavía son escasos y presentan limitaciones.
La buena noticia, por tanto, no es que todos estos problemas se hayan resuelto. Es que la conversación sobre las carreras científicas ya no se limita a contar publicaciones, investigadores o contratos. También empieza a analizar de manera más rigurosa si esas carreras ofrecen seguridad, bienestar, autonomía y condiciones compatibles con una vida sostenible.
Cinco conclusiones para orientar una carrera investigadora
1. No diseñes tu carrera pensando en un único puesto final.
La plaza universitaria es una opción valiosa, pero no es la única forma de utilizar una formación científica.
2. Aprende a explicar tus competencias en términos profesionales.
Diseñar y ejecutar experimentos, analizar datos complejos, extraer conclusiones y comunicarlas, también significa saber resolver problemas de utilidad en diversos ámbitos como el empresarial. Coordinar una investigación demuestra capacidad de planificación, comunicación y trabajo en equipo.
3. Combina especialización y transversalidad.
Los datos muestran un crecimiento especialmente intenso de los perfiles tecnológicos. Las capacidades digitales, analíticas y de gestión pueden complementar prácticamente cualquier disciplina.
4. Analiza el ecosistema, no solo la oferta concreta.
Antes de aceptar una posición, conviene estudiar el sector, el país, las posibilidades de progresión, la financiación disponible y la movilidad entre organizaciones.
5. Evalúa la calidad del empleo además del prestigio.
Un puesto atractivo no debería medirse únicamente por el nombre de la institución. También importan la estabilidad, el salario, la autonomía, el aprendizaje, la conciliación y las oportunidades posteriores.
Una carrera investigadora con más destinos posibles
Los datos de la OCDE ofrecen motivos para contemplar la investigación como una opción profesional con futuro. Crecen los profesionales de ciencias e ingeniería, aumentan con fuerza los especialistas digitales y continúa expandiéndose el personal que trabaja directamente en I+D.
La principal enseñanza no es únicamente cuantitativa. La investigación se está integrando en un ecosistema profesional más amplio. Las empresas necesitan capacidades científicas. Los centros tecnológicos conectan conocimiento y aplicación. Las administraciones requieren evidencias para diseñar políticas. Las start-ups convierten resultados de investigación en productos. Las organizaciones necesitan profesionales capaces de comprender tecnologías complejas y tomar decisiones fundamentadas.
Por eso, no conseguir una plaza de profesor no significa haber fracasado en la carrera investigadora. Puede significar que el conocimiento y las competencias adquiridas van a aplicarse en otro lugar del sistema de innovación.
Quizás debemos empezar a cambiar la interpretación: un giro en la carrera investigadora no es abandonar la vocación científica, sino ampliar la definición de lo que significa trabajar como investigador.
Referencias
Organisation for Economic Co-operation and Development. (2026, June 30). The research and innovation workforce continues to expand across the OECD. https://www.oecd.org/en/data/insights/statistical-releases/2026/06/the-research-and-innovation-workforce-continues-to-expand-across-the-oecd.html
Organisation for Economic Co-operation and Development. (s. f.). The labour market for research and innovation professionals. Recuperado el 5 de agosto de 2026 de https://www.oecd.org/en/networks/research-and-innovation-careers-observatory/themes/research-and-innovation-labour-market.html
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