Los contratos Ramón y Cajal actuales presentan una serie de características y beneficios diseñados para favorecer la consolidación profesional del investigador:
- Duración y fases del contrato: El contrato tiene una duración total de 5 años, divididos en dos fases. Una primera fase de 3 años destinada a afianzar la formación posdoctoral inicial del investigador, seguida de una segunda fase de 2 años. El paso a la segunda fase está supeditado a una evaluación intermedia positiva de la actividad científico-técnica del investigador al término del segundo o tercer año. Esta evaluación utiliza criterios exigentes equivalentes al perfil de investigador establecido (R3) en el marco europeo, y su superación conlleva la renovación del contrato hasta el quinto año. Este esquema garantiza un seguimiento del rendimiento y busca asegurar que el investigador alcance la madurez para optar a una plaza estable.
- Salario y financiación: La ayuda económica asociada cofinancia el salario del investigador y su seguridad social, con una retribución competitiva. En la convocatoria 2024, por ejemplo, se establece un salario mínimo anual de 36.000 € brutos durante la primera fase y de 42.500 € anuales en la segunda fase, tras la evaluación intermedia. Estas cifras han ido incrementándose (más de un 2% respecto a la convocatoria anterior) para equipararse a estándares internacionales y reconocer la experiencia del investigador senior. Además del sueldo, cada contrato conlleva una dotación adicional para investigación de 50.000 € para que el científico financie gastos asociados a sus proyectos (equipamiento, materiales, viajes, etc.). En el caso de investigadores captados desde el extranjero (modalidad de atracción de talento), esta ayuda adicional es aún mayor, alcanzando 100.000 €. De este modo, el programa no solo cubre el puesto de trabajo sino que facilita la creación de una línea de investigación propia.
- Compromiso de estabilización: Una pieza clave del programa es el compromiso (al menos implícito) de la institución anfitriona de incorporar al investigador de forma permanente si supera con éxito las evaluaciones. Las universidades o centros que reciben a un Ramón y Cajal suelen firmar una carta de apoyo indicando su intención de sacar una plaza fija al término del contrato. Incluso existe un incentivo para ello: históricamente el Estado ofrecía una financiación adicional (programa I3) a aquellos centros que consolidaban al investigador indefinidamente. Actualmente, con las nuevas condiciones, se refuerza este compromiso integrando la evaluación intermedia y la mejora salarial en la misma ayuda. El objetivo final es que, tras cinco años de desempeño excelente, el investigador obtenga un puesto estable en el sistema español de ciencia. No obstante, conviene señalar que la estabilización no está automáticamente garantizada y depende también de las disponibilidades del centro. Aun así, las mejoras introducidas han reducido la incertidumbre comparado con etapas anteriores en las que muchos “cajales” finalizaban su contrato sin plaza.
- Instituciones anfitrionas elegibles: Pueden actuar como beneficiarios de estas ayudas numerosos organismos de I+D tanto públicos como privados: universidades (públicas y ciertas privadas de investigación), organismos públicos de investigación (OPIs como CSIC, CNIO, etc.), institutos sanitarios, centros tecnológicos e instituciones de excelencia reconocidas, entre otros. Esto permite que los candidatos elijan prácticamente cualquier centro de investigación español puntero como destino de su proyecto Ramón y Cajal, siempre que cumpla los requisitos institucionales. La variedad de instituciones y áreas científicas abarcadas es muy amplia, desde ciencias experimentales e ingenierías hasta ciencias sociales y humanidades.
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