Obtener un contrato Juan de la Cierva supone un hito importante en la trayectoria investigadora, pero conlleva también desafíos. A partir de testimonios y la experiencia acumulada, podemos enumerar algunos pros y contras típicos:
✔️ Ventajas:
- Incorporación laboral con financiación competitiva: El programa JdC permite al doctor recién titulado dar el salto a un puesto de trabajo en I+D con contrato laboral y salario financiado. Son contratos a tiempo completo con plena afiliación a la Seguridad Social, lo que garantiza derechos laborales (cotizaciones, bajas, etc.) equiparables al personal de investigación contratado de plantilla. La remuneración, si bien modesta en comparación internacional, ha mejorado en los últimos años gracias a fondos adicionales: por ejemplo, la convocatoria 2023 elevó el sueldo mínimo financiado a 28.000 € brutos anuales (un 30% más que en 2018). Además, cada ayuda aporta un presupuesto extra para investigar (materiales, estancias, congresos), típicamente unos 6.000–7.000 € en total, aliviando a los grupos receptores y facilitando la productividad del contratado.
- Prestigio y mérito curricular: Haber ganado una Juan de la Cierva es, de por sí, un indicador de excelencia. Estas ayudas son altamente competitivas (tasas de éxito ~10%), por lo que ser seleccionado posiciona al investigador en el top de su cohorte. En muchos casos, figurar como Juan de la Cierva abre puertas para posteriores convocatorias (por ejemplo, puntúa positivamente en evaluaciones de contratos Ramón y Cajal o para acreditaciones académicas). También suele ser visto con buenos ojos si compites por plazas en centros de investigación: equivale a haber obtenido tu propio financiamiento postdoctoral de manera independiente, lo cual demuestra capacidad para atraer recursos.
- Movilidad y networking científico: La exigencia de cambiar de institución hace que prácticamente todos los Juan de la Cierva vivan una movilidad en el inicio de su carrera. Esto, que a veces se ve como un obstáculo personal (mudar de ciudad/país), resulta en enriquecimiento profesional: integrar un nuevo grupo amplía tu red de contactos, te expone a otra cultura de trabajo y suele generar colaboraciones de largo plazo. Muchos beneficiarios valoran la JdC porque les permitió volver del extranjero e integrarse en el sistema español, o bien moverse internamente conociendo otros centros punteros del país. En cualquiera de los casos, tras dos años habrás fortalecido enormemente tu networking científico, algo clave para futuros proyectos y publicaciones.
- Impulso a la autonomía investigadora: Aunque el Juan de la Cierva no es un contrato permanente, sí brinda un periodo estable (2-3 años) donde el investigador puede consolidar su línea. A diferencia del predoctoral, donde se trabaja bajo la tutela de la tesis, aquí el doctor puede aportar ideas propias al grupo, co-dirigir estudiantes, e incluso iniciar proyectos (algunas convocatorias JdC permiten concurrir a proyectos de investigación como IP joven). Es, en cierto modo, un training avanzado para ir ganando independencia científica. De hecho, la lógica de la carrera española es transitar de JdC a Ramón y Cajal, y finalmente a plaza permanente; en ese trayecto, la JdC es la etapa para forjar tu propio perfil investigador con algo más de libertad.
- Equilibrio de género y atracción de talento internacional: Un aspecto positivo del programa es su esfuerzo por la igualdad y apertura. En las últimas ediciones prácticamente el 50% de los contratos han sido obtenidos por mujeres, reflejando una paridad notable. Asimismo, cerca de un 30% de beneficiarios son investigadores extranjeros que vienen a España a realizar su postdoc. Esto enriquece los equipos con diversidad y demuestra que las JdC compiten internacionalmente por talento (no son exclusivas para españoles). Para el candidato individual, significa que entrar a una JdC te sitúa en un entorno competitivo y diverso, con colegas de distintos países, lo cual suma a la experiencia formativa.
❌ Inconvenientes:
- Temporalidad e incertidumbre posterior: El lado negativo más evidente es la falta de estabilidad a largo plazo. Dos años pasan rápido (tres en el caso de Incorporación), y al finalizar el contrato Juan de la Cierva el investigador vuelve a encontrarse con la necesidad de buscar financiación o plaza. Muchos JdC acaban enlazando con contratos temporales sucesivos mientras aspiran a algo permanente, lo que prolonga la precariedad. Un dato llamativo es que, incluso siguiendo el “itinerario ideal” (FPI → JdC Formación → JdC Incorporación), un investigador podría acumular 6-8 años tras el doctorado sin contrato indefinido. En otros países esto sería inusual, pues tras ~5 años de postdoc ya se accede a posiciones estables; en España, la estabilización puede tardar más. Esta incertidumbre lleva a que bastantes doctores talentosos, tras agotar una JdC, abandonen la carrera académica o emigren de nuevo si no consiguen una plaza fija.
- Altísima competitividad (muchos quedan fuera): Si bien es positivo que existan 500 ayudas JdC al año (número que ha ido en aumento en los últimos años), el cuello de botella sigue siendo estrecho en comparación con la cantidad de doctores formados anualmente. La consecuencia es que muchos investigadores excelentes se quedan sin JdC simplemente porque la oferta no alcanza. Las tasas de éxito ~10% implican que 9 de cada 10 solicitantes son denegados. Esto puede suponer una gran frustración personal y, a nivel sistémico, alimenta la “fuga de cerebros” hacia países donde encuentran oportunidades postdoctorales alternativas. Incluso para los que consiguen el contrato, la presión por destacar es constante, ya que saben que al final del mismo deberán competir de nuevo (p.ej. por un Ramón y Cajal) y solo una fracción lo logrará. En suma, es un escenario altamente selectivo que genera estrés e inseguridad laboral en los jóvenes científicos.
- Desigualdades entre instituciones y campos: Aunque las bases son comunes, en la práctica la distribución de las ayudas JdC puede concentrarse en ciertas instituciones o áreas. Universidades grandes y centros del CSIC suelen acaparar un número importante de contratos (en 2022, ~62% de los seleccionados fueron a universidades y 18,5% al CSIC), mientras que centros pequeños obtienen menos. Asimismo, hay disciplinas más competitivas que otras; por ejemplo, campos emergentes o muy internacionales pueden tener mayor número de solicitantes fuertes. Para el candidato, esto significa que no todas las JdC “valen igual”: ciertas instituciones ofrecen ambientes más consolidados o recursos adicionales. Por otro lado, si tu área es muy saturada, tendrás que brillar todavía más para sobresalir. Existe también cierta lotería en la evaluación por comités, donde la subjetividad puede influir; por eso a veces candidatos con méritos similares tienen suertes distintas según el panel evaluador. Todo esto forma parte de los “contras” inherentes a cualquier concurso competitivo nacional.
- Limitaciones en el rol y reconocimiento: Aunque el Juan de la Cierva es un doctor contratado, en muchas universidades su posición no equivale a la de un profesor o científico estable. Algunos JdC han reportado sentirse como “investigadores de segunda” dentro de la institución de acogida. Por ejemplo, no siempre se les permite ser tutores oficiales de estudiantes (por no ser plantilla permanente) u orientar tesis como directores principales. En trámites internos, a veces son considerados personal temporal sin voz en ciertas decisiones del departamento. También pueden enfrentar sobrecarga docente no reconocida: no pocos terminan impartiendo clases para el departamento (a veces sin remuneración adicional) con tal de adquirir experiencia docente. Esta falta de reconocimiento pleno puede mermar la motivación, máxime si la institución aprovecha las publicaciones del JdC para sus rankings pero luego no lo cuenta para otras cosas (acceso a becarios, proyectos internos, etc.). En definitiva, es importante ser consciente de que la JdC, si bien es un gran logro, no equivale a una posición consolidada y puede conllevar trato precario en según qué entornos universitarios.
- Remuneración mejorable y diferencias con exterior: A pesar de los incrementos recientes, el salario de ~30.000 € brutos/año de un Juan de la Cierva (~2.000 € netos/mes) sigue siendo moderado. Muchos contratados rondan la treintena de edad, con familia o planes de asentamiento, y encuentran difícil hacerlo con ese sueldo, especialmente en ciudades con alto coste de vida. En comparación, en países como Francia o Alemania un postdoc suele ganar entre 35.000–50.000 € brutos, y en EE.UU. la recomendación NIH para postdocs iniciando supera los \$56k (~52.000 €) anuales. Esta brecha salarial puede hacer menos atractiva la JdC para extranjeros altamente cualificados o para españoles que valoran las condiciones económicas. Asimismo, la incertidumbre de financiación (al ser cofinanciada, algunos centros complementan el salario hasta su tabla interna, pero otros solo pagan el mínimo exigido) provoca desigualdades: hay JdC cobrando justo el mínimo de convocatoria y otros algo más según el centro. En resumen, aunque no se pasa mal, el incentivo económico no es el punto fuerte de estas ayudas comparado con otras opciones internacionales.
En balance, la experiencia de ser Juan de la Cierva es agridulce: muy formativa y reconocida, pero con la presión de un reloj que corre hacia el próximo desafío. Aun así, muchos coinciden en que aprovecharon esos años para publicar intensamente, establecer colaboraciones y avanzar profesionalmente. Hoy por hoy, las JdC siguen siendo un pilar de la carrera investigadora española, por lo que conocer sus pros y contras ayuda a tomar decisiones informadas.
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